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Ronnie O'Sullivan: drogas, cerdos y la mesa de billar

Su reinado se extiende más allá del tapete. Ronnie O'Sullivan, seis veces campeón del mundo de snooker y segundo en conseguirlo a una edad más longeva, es considerado el mejor jugador de la historia gracias al nivel mostrado durante casi tres décadas.


The Rocket suma 36 títulos abrochándose la triple corona hasta en 20 ocasiones. Presume también de haber alcanzado hasta en 15 ocasiones la máxima puntuación posible: 147. En 1997 lo logró en apenas cinco minutos y ocho segundos. Otro récord aún vigente de un jugador que, aunque es diestro, también sabe cómo ganar a sus rivales con la zurda. Es un prodigio de la naturaleza con una historia de película.

"De todas mis victorias, me quedo con el Mundial de 2012. Fue mi mejor torneo por mucho y lo gané a medio gas. Nadie se acercó a siete u ocho frames de mí cerca del final. Gané la semifinal 17-9 y la final 18-8. Neil Robertson me quitó 10 frames en cuartos. Vencí a Mark Williams 13-5 y a Peter Ebdon 10-1 o 10-2. En realidad, sorprendí mucho a todos y volví a hacer lo mismo en 2013. Ése está muy cerca de ser el segundo mejor para mí", explica en Primera Plana el embajador de Eurosport, poseedor de la medalla de la Orden del Imperio Británico.

Su vida es un diamante para los guionistas. Su padre fue encarcelado por asesinato cuando él empezaba a despegar. A los 17 años ya ganaba todo con su país, pero las drogas se entremezclaron con las bolas. El alcohol también embriagó su fiesta. Terminó en un programa de rehabilitación. Su salud corría peligro. Su historia truculenta y, sobre todo, su juego vistoso le han encumbrado a leyenda del snooker y del deporte en general. "Creo que mi éxito se debe a cómo compito. Eso te hace diferente, a mí o a cualquiera, porque es lo primero que capta la atención o la imaginación de la gente. Si ves a un deportista por primera vez, sea de la disciplina que sea, lo que te atrae es la forma cómo juega. Después tomarán una decisión de si te aman o no. Los que te quieren se convierte en fans y son muy leales. Muchos de los que tengo me apoyarían hiciera lo que hiciera. Lo mismo ocurre con otros deportistas como McEnroe, Cantona o Tiger Woods. Dividen la opinión, pero al final cuando lo hacen bien el mundo se detiene y dice wow", cuenta un británico que mete en ese grupo de cracks a Federer, Nadal, Djokovic, Phil Taylor, Leo Messi o Ronaldo, pero del que saca a su compatriota Lewis Hamilton. Con él guarda un famoso pique.

"Es fantástico que gane siete títulos mundiales, pero si su coche va más rápido puede permitirse cometer algunos errores y salirse con la suya. ¡Es un poco como conducir fumando un cigarro con un dedo en el volante! Creo que sería difícil decir que tiene un lugar en la historia", explicó en su día en un diario. Con rivales de su ámbito también tiene rencillas, pero ninguna tan mediática como las que protagoniza con el habilidoso piloto de Fórmula 1.

Su personalidad trasciende el juego. O'Sullivan, fan de Ayrton Senna y Maradona, es autor de novelas policiacas y coautor de un libro de cocina con recetas para paladares exigentes y también para la mente. Siempre habla del impacto del juego en su salud mental. Durante el Abierto de Inglaterra, lo que más se vio en televisión fueron sus uñas pintadas de rosa.

"Lo del esmalte fue idea de un amigo que trabaja de relaciones públicas y está involucrado en varias causas benéficas, no es que yo quiera parecer un bienhechor todo el rato. No soy así, pero tampoco soy el tipo de persona que rechaza una oportunidad para ayudar. Quizá hace 15 años me hubiese avergonzado, pero estoy en ese punto de mi vida que no me importa tanto. Como deportistas tenemos un gran escaparate para mostrar buenas causas. En los últimos años he sentido que crezco mucho más como persona fuera del deporte". dice alguien cuya pareja (Laila Rouass) estuvo encerrada durante horas dentro de una nevera en pleno atentando de Las Ramblas (Barcelona).

Centrado en los negocios

El billar sigue alimentando su rutina, pero como postre en vez de plato principal: "No me queda nada por lograr. Mientras compito, me centraré en los eventos en China aunque este año, por lógica, ha sido imposible. Si jugara cuatro o cinco años más sería para hacerlo en ese país. He creado allí una empresa de gestión para buscar oportunidades de explotación. Cuando las cosas vuelvan a la normalidad, iré más para disfrutar de las oportunidades que conlleva. Sin duda son más numerosas de las que tenemos en Reino Unido".

Con la emisión del World Grand Prix, donde jugará su embajador Ronnie, el canal deportivo finaliza 2020 retransmitiendo hasta 20 torneos

La motivación le va y viene según el día: "Te enamoras y desenamoras de lo que haces muchas veces, pero en ocasiones puedes pulsar el interruptor y encuentras esa motivación de nuevo. Hay tantas cosas diferentes que estoy haciendo en este momento y que tienen prioridad sobre el deporte... Si mañana me dieran a elegir entre el snooker o el interés de otros negocios, porque no pudiese hacer ambas cosas, dejaría esto inmediatamente. No tengo ninguna duda. En la lista de prioridades está abajo y, si algo tuviera que dejar de formar parte de mi vida, sería esto. De verdad que no me pasaría nada si no jugase ningún torneo más".

Salvado en una granja

De 1995 a 2000 ganó mucho, pero no todo lo que debería. "Creo que me di cuenta cuando perdí con Stephen Hendry en 1996. Tenía un gran sobrepeso, estaba comiendo y bebiendo demasiado. Vi una foto mía y desperté, me di cuenta de que tenía que ponerme en forma. Me quitaron el carnet de conducir, así que pasé tres meses yendo al gimnasio dos o tres veces al día, alimentándome bien y poniéndome en forma. Gané cuatro de los cinco siguientes torneos, pero volví a beber e irme de fiesta de nuevo", cuenta en el documental 'Joy of Six' que se puede ver ya en Eurosport Player. Ray Reardon, otra leyenda de la disciplina, le ayudó a salir de tan complicado bache. "Sólo juega y disfruta", le pedía.

Su salvación, además de por los consejos de Reardon, llegó en el fango. Rodeado de cerdos. Se metió en la granja y ahí, acorralado por los porcinos, se esfumaron los problemas: "Fue genial porque no había presión, pero cuando estaba ahí cuidando de los cerdos tenía que meterme hasta dentro y apestaba. Antes, no me levantaba hasta las 11 o las 12 de la mañana. Me estaba volviendo muy perezoso. Pensé que necesitaba un trabajo de voluntario, porque no quería un curro remunerado en el que me dijeran qué hacer". Eso sí, su laborioso nuevo empleo terminó desgastándolo y lo abandonó pocos meses después. Sabe que para ser el mejor y disfrutar necesita una dosis exacta de presión: ni mucha ni poca. Por eso comenzó a trabajar con el psicólogo Steve Peters (que también trabaja en el staff del Liverpool). Él le sacó de una depresión que no le hacía disfrutar del juego. La clave, sencilla incluso, pasaba por "hablar de todo con él menos de snooker".

Ahora juega con menos presión y mucha más experiencia, aunque para él no tiene mucha importancia. "De la juventud desearía tener esa compostura, esa intrepidez, ese tipo de confianza... Siempre me han gustado las oportunidades que se me han presentado y tengo mucha experiencia, pero no es que eso cuente mucho. De hecho es lo menos importante. ¿Cuánta experiencia tenía Tiger Woods cuando ganó en Augusta? Casi ninguna. Golpeó la pelota mucho más lejos y no se dejó intimidar por sus competidores. Sólo desearía tener esa audacia juvenil, porque la experiencia tampoco ayuda demasiado".

Un final lleno de incógnitas

O'Sullivan, igual que el golfista americano, sigue en la brecha superados los 40. Ambos comparten denominadores comunes: gloria y drama. Éxitos ahogados en alcohol. Los dos armaron el taco, murieron y resucitaron. Ahora, en el ocaso de una carrera cuyo fin no está nada claro (podría llegar mañana o cuando cumpla los 50), prefiere tomárselo con sosiego: "He cambiado mi forma de jugar. Durante cinco o seis años me funcionaba elegir un par de torneos antes del grande para competir en un par de partidas y luego ir al Abierto o Mundial con la buena racha. Después me he dado cuenta de que hay que hacerlo como los demás: participar en todo y no preocuparse por hacerlo mal, porque eventualmente lo haré bien en alguno. Así lo dice la estadística, es pura probabilidad, como la ley de los promedios. Por eso ahora no me preparo ni practico mucho, sólo voy a jugar y espero tener una semana de inspiración para llegar lejos". Y las tiene. Y confía en que una llegue en el próximo World Grand Prix, la fecha que abrocha este estrambótico 2020.

De llevárselo, el inglés que casi siempre aparece ganando cuando sintoniza Eurosport, sumaría un metal más en su amplia vitrina. La misma que le permite ser el jugador más laureado de la historia con 36 títulos de ranking. A sus 45 años, y tras 28 de excelsa carrera, juega sin fantasmas que le revoleteen. Sin miedo a la derrota, recordando el hedor de la porqueriza cuando el taco se escurre.

SUFRIÓ EN PLENA PARTIDA UN "PROBLEMA INSTESTINAL"

Durante el pasado Abierto de Irlanda del Norte, varios medios se hicieron eco de una sonora ventosidad durante una partida del torneo. No sólo sonó en vivo, sino que también la escucharon los telespectadores. Desde el principio las miradas estuvieron dirigidas hacia O'Sullivan, pero él esquivó la culpa mirando hacia uno y otro lado buscando un responsable. Intentó incriminar al juez, pero finalmente acabaría reconociendo el 'crimen' y justificándose con "problemas intestinales".