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El mejor Madrid en el momento oportuno

El Madrid alcanzó los octavos de final como campeón de grupo en el partido en que corría peligro de quedarse fuera de Europa. Lo hizo con un partido monumental, como si los años no hubieran pasado por el equipo tricampeón de Europa en tres años seguidos.


Un ejercicio extraordinario de fútbol incontestable para el Borussia Moenchengladbach, vapuleado 35 años después de aquella remontada mítica. No fueron tantos goles, pero el juego fue mejor. Lo corroboran los testigos de ambas noches. Fue, de largo, el mejor partido del curso que mereció una goleada mucho más amplia. 19 remates, siete a puerta y tres al palo. Un festival. Ni Camp Nou ni San Siro ni Pizjuán. Una exhibición que debería borrar para siempre las dudas en torno a Zidane. Algo tendrá el francés para obtener la mejor versión de su equipo en la situación más crítica. Si se le critica en las derrotas y los despistes, justo es atribuirle mérito cuando vienen buenas. Lo dicho. El mejor entrenador posible para el Real Madrid.

Con la categoría de los más grandes, el equipo blanco protagonizó un primer tiempo sobresaliente, repleto de control, criterio, aplicación, disciplina y brillo. No fue perfecto, claro, pero el bloque compensó las debilidades. Si Casemiro perdía demasiados balones, acudía hasta Vinícius a cortar el juego en falta. Si había problemas para sacar la bola desde atrás replegaban los extremos. El 2-0 al descanso se quedó corto.

Marcó Benzema antes de los diez minutos. Recibió un pase exquisito de Lucas Vázquez, que se ganó seguir como lateral titular pese a la recuperación exprés de Carvajal. Karim metió la cabeza como mandan los clásicos: girando el cuello. golpeando con la frente, sin cerrar los ojos, colocando junto al palo. Homenaje indiscutible a Santillana, aunque al Borussia de hace 35 años don Carlos les hiciera un gol de volea y otro con el alma. Los testarazos fueron de Valdano. El 1-0 y el 2-0. Como Karim, que a la media hora hizo el segundo, con la frente, reventando con la frente una banana de Rodrygo como las que ponía Míchel. Todo muy retro.

El recital fue coral, cierto, pero no sería justo dejar al margen el curso de juego de Luka Modric, imponente en todos y cada uno de los balones que gestionó. Los que tocó y los que dejó pasar. Maestro. Sommer le negó un tanto con una mano prodigiosa que sacó su remate contra el palo, de nuevo a centro de Lucas Vázquez. Falso lateral. Se zampó a Thuram y destrozó a Wedtl. Su socio Luka también vio cómo le anulaban un tanto, tras rematar desde cerca a la escuadra, por fuera de juego previo de Varane. Que lo era.

¿Y el Borussia? Pues a pesar de perseguir sombras durante 43 minutos, tuvo una buena con un remate duro y centrado de Thuram y otra clarísima que pudo cambiar el partido. Una pérdida en banda derecha cayó a pies de Stindl, muy suelto, que filtró en profundidad un regalo para Plea. El francés, habitualmente letal, picó cruzado y se le fue cruzado. De ser en el Bernabéu se habría hablado de miedo escénico y tal.

Como era lógico, Marco Rose cambió al descanso porque no valía ni el resultado ni el juego. Metió a Zakaria, un portento físico, y Lazaro, extremo reconvertido a carrilero. Ganó algo de presencia en el centro del campo, aunque las primeras ocasiones fueron blancas. Otro centro de Rodrygo cabeceado por Benzema encontró bien colocado a Sommer. Pero el Gladbach se asomó con peligro en un par de pérdidas. Plea incurrió en fuera de juego antes de estrellar un remate claro en el lateral de la red. Mismo destino de otro disparo ilegal, esta vez por mano del francés. También Sommer se ganó el jornal al sacar de la escuadra un zurdazo espléndido de Kroos. Mayor equilibrio, pero sin movimiento en el marcador.

Lucas y Luka, la fórmula ganadora

Convenía recordar que en el minuto 85' del Borussia Park el equipo de casa ganaba 2-0 y el asunto concluyó 2-2. Confianzas, las justas. Zidane preparó los cambios para su minuto fetiche, el 70, y no se demoró mucho, sorprendiendo con un protagonista. Metió en las bandas a Asensio y Arribas, la joya de la cantera, para el tramo decisivo de un partido clave. Sommer evitó el tercero con una mano prodigiosa que respondió a otro cabezazo brutal de Ramos desde el punto de penalti. El balón cayó a Benzema que, completamente solo, estrelló en el travesaño. La madera también negó la recompensa merecida a Lucas Vázquez, extraordinario toda la función. Combinó en una contra con Arribas y Modric, se giró en el área y remató al palo. Al peso, el Madrid mereció la goleada de largo.

Al Borussia no le salió nada, ni los cambios. No hubo ni rastro del equipo vertical y venenoso que puso en jaque a los blancos y arrasó al Shakhtar. Mérito blanco, que se juntó para negar los espacios para el pase a la carrera de Thuram o Plea. El triple cambio de Rose al final, retirando a Stindl, Thuram y Kramer, sonó a rendición germánica. La vista de todos estaba en MIlán. El Madrid, para ser primeros. El Borussia, para seguir vivos. El Inter, que temía el biscotto con un empate, concedió las tablas que convenían a blancos y alemanes. Premio completo para los madridistas, que tendrán un cruce algo menos exigente. Se lo han ganado. Con creces. Y con fútbol.