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El Real Madrid conquista al fin San Siro

El Real Madrid más sólido volvió a aparecer en situación crítica, frente al rival más grande, en el escenario más adverso.


Con la amenaza de la eliminación, sin Sergio Ramos, el escudo blanco, sin Benzema ni Valverde, el equipo blanco asaltó al fin uno de los pocos estadios continentales que se resistían al rey de la Champions. Y lo hizo mandando desde el inicio, manejando el partido y anulando las amenazas como si no existieran. Ni Lukaku ni Lautaro comparecieron por San Siro, mérito indudable de Nacho y Varane, otras noches tan discutidos. Imponentes, oiga.

Ni el más optimista habría esperado semejante regalo por parte del Inter. Entró al césped como colista y en lugar de buscar al rival con grandeza, como hizo en Valdebebas, se replegó sin presionar a la espera de sorprender con una transición rápida o aprovechando un error blanco. Sin presionar. Dejando hacer. También es cierto que el Madrid aceptó el obsequio con su cara europea y en seis minutos se puso por delante. Lo hizo con una jugada larguísima, tejida a conciencia, que premió la calidad de sus jugadores. La sorpresa fue la irrupción de Nacho en posición de delantero, le atropelló Barella y Hazard transformó el penalti con aplomo. Como si no hicieran tres años del último gol del belga en Champions.

El 0-1 tempranero catapultó al Madrid, que encadenó buenas acciones de ataque con la actuación solvente de sus centrales. Nacho, en la anticipación ante Lukaku, y Varane, pendiente de la agilidad de Lautaro, permitieron crecer al bloque. A los 13 llegó un derechazo impecable de Lucas al palo. A los 17', un cabezazo de Mariano detenido por Handanovic. A los 17', una colada de Mendy con centro atrás pasado de potencia que rebasó a Lucas. Bien la idea, mal la ejecución. ZIdane calcó el equipo del Villarreal, pero al contrario que en Liga, el Madrid buscó agrandar la herida.

Pero no hay partido tranquilo con el Real Madrid. Arturo Vidal, revolucionado como siempre, se empeñó más en llegar al área contraria que en gobernar el juego. En una incursión de ataque armó el tiro, le rebañó la bola Varane y el chileno se volvió loco pidiendo penalti. Amarilla. Porfió aún más con el árbitro. Segunda amarilla. Expulsado. Paisaje idílico para el Madrid, que sin embargo se dedicó a gestionar la pelota con parsimonia, como si tuviera cerrado el partido. Y no era así. Conte reaccionó tras el descanso, metió a Perisic y D'Ambrosio pero, sobre todo, puso a Barella al mando de las operaciones. Durante un ratito, diez minutos del segundo tiempo, el Madrid sufrió lo que esperaba, acoso y derribo, con centros de veneno para probar a Courtois. En una acción de centro lateral pidió penalti el Inter por agarrón de Lucas a D'Ambrosio. En LaLiga es más que probable que se hubiera pitado. El caso es que el gallego tentó la suerte con un punto de inconsciencia.

Lucas fue decisivo. Notable en todo el encuentro, con y sin balón, apareció para rematar el duelo. Fue justo después de que Zidane interviniera para cambiar el duelo. Retiró a Odegaard y Mariano, algo desconectados, para meter a Casemiro y Rodrygo. Mano de santo. La colada de Lucas por la derecha concluyó con una pelota tocadita, perfecta para la llegada de un delantero. Como en Valdebebas, Rodrygo apareció por donde convenía y conectó una volea definitiva. Tocó Achraf y la UEFA dio el gol al ex madridista, que no hizo buen partido. Nadie se acordará ahora del lateral, vista la excelente versión de Carvajal, Lucas, Nacho...

Hubo poco más, sólo algún apuro recetado por Perisic, siempre temible. En el primero buscó la escuadra, en el segundo obligó a Courtois a facturar la parada de la noche. Ahí también se impuso el Madrid, sin fisuras cuando más se necesitaba. Tiene la clasificación en su mano.