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Conte: un diablo en el campo, monaguillo, cristiano practicante, exige profesionalidad para comer... y hasta hacer el amor

En los años 70 y 80, Lecce no era un lugar fácil para crecer. Ni para vivir. La Sacra corona unita, la rama mafiosa de la Puglia, dominaba las calles de la ciudad de la punta de la bota italiana. La cuarta mafia alcanzó su plenitud a finales de los años 80. En Lecce nació el 31 de julio de 1969, Antonio Conte. Hoy entrena al Inter, un equipo con la etiqueta de 'pazzo' (loco), un adjetivo que mucho unen a su actual entrenador. En el campo, durante los partidos, hay momentos en los que parece enloquecido, poseído. Fuera del terreno de juego, Conte es un defensor de los valores cristianos, los que le inculcaron desde pequeño y el inculca a su hija.


En la calles de su ciudad vio muchas cosas y a muchos jóvenes caer en abismos sin salida. Él encontró refugio en la parroquia de Sant' Antonio a Fulgenzio, un lugar que le sirvió para "evitar tentaciones" y crecer como persona.

La religión, el perdón y el fútbol

Conte se formó con una educación cristiana y un entorno familiar muy unido, algo que ha querido transmitir a su hija Vittoria. Para su hermano, Gianluca, fue casi como un padre pequeño. Como Antonio, el fútbol es su vida: es entrenador y analista.

En su entorno más cercano, los vecinos de su casa, encontró a la mujer de su vida: Elisabetta Muscarello.

Quien haya comido con él habrá visto que se santigua siempre antes de empezar para dar gracias. Es practicante, hizo de monaguillo muchas veces, va a misa con su mujer cada semana, de la Biblia se queda con el pasaje del hijo prodigo y cree que el perdón es una faceta de la religión que tiene que saber aplicar en su trabajo como entrenador.

"Cabeza baja y a pedalear"

El equipo que quiera a Conte como entrenador debe asumir que habrá jugadores que se quejen de la dureza de los entrenamientos. Conte lo avisa desde que entre en un vestuario. El trabajo no se negocia. En su época de jugador era un duro; en el banquillo lo es mucho más. Lo saben en el Arezzo, el Bari, Atalanta, el Siena, la Juventus, la selección italiana, el Chelsea y el Inter, los equipos por los que ha pasado. Esa tensión se disparó en Londres como en ningún sitio. La falta de conexión entre la cultura italiana y la inglesa aumentó el impacto.

De la comida al sexo

Conte es un entrenador intervencionista al 100%. Sus vestuarios son suyos, el mando es único y el jugador debe aceptar las reglas que se marcan. "Mis jugadores deben aprender a responsabilizarse de sí mismos, en la nutrición, en el descanso, en hacer el amor. No solo se es jugador el campo. Pero tienen que resolverlo por sí mismos, de lo contrario parecería tratarlos como niños si tuviera que intervenir en todo ". No lo hace, pero lo deja caer, marca su terreno. Es su ley, su filosofía. Con él o contra él.

La dieta del jugador es para Conte una obsesión, un campo en el que no da tregua. "En la pretemporada establecemos el justo equilibrio para las comidas: carbohidratos, proteínas y grasas, sin prohibir nada. Yo presto mucha atención a la alimentación para mantenerme sano. Prefiero evitar los carbohidratos y comer proteínas con frutas y verduras. Por supuesto que cuando estoy con mi familia también como espaguetis, me gusta mucho la pasta, pero a menudo tengo que prescindir de ella. Como futbolista, sobre todo hacia el final de mi carrera, me beneficié mucho de este tipo de dieta que ahora como entrenador quiero exportar a mis jugadores. Se previenen lesiones, se recupera mucho mejor. Y mentalmente llegas a lo más alto".

El club tiene que ser una roca

Conte va a la guerra siempre que se le busca. No solo contra elementos externos: rivales, prensa, árbitros... Exige que el club en el que esté sea una mole granítica en el que la defensa del equipo parta desde arriba. Chocar con sus directivos es una constante en su carrera. El pasado verano estuvo a un paso de dejar el Inter por entender que la cabeza del club, con Zhang Kangyang (Steven Zhang) a los mandos, no daba la cara por él y sus futbolistas.

El 'veto' de Ramos

Sergio Ramos tomó la palabra después del 5-1 en el Camp Nou que le costó la cabeza a Lopetegui. Al capitán del Madrid se le preguntó por un nombre y un método, Conte y la mano dura, que sonaban con fuerza para llegar al club. "El respeto se gana, no se impone. Ni un nombre ni otro. Hemos ganado todo con entrenadores que ya conocéis, al final la gestión del vestuario es más importante que el conocimiento técnico de un entrenador". Un mensaje rotundo que hizo que su nombre ni apareciera cuando Solari fue destituido para que llegara Zidane.

Poco después, Conte respondió a Ramos: Cuando un técnico llega a un equipo debe traerse educación y respeto, algo que también se espera de los jugadores. Si eso falla, empiezan los problemas".

Ayer, en la sala de prensa de Valdebebas, habló de un pasado que le pudo llevar al banquillo blanco: "Estoy concentrado en el Inter y estoy entusiasmado. Estamos creando algo importante. Se dio esa oportunidad, pero no estaba madura la situación. Lo agradezco. Estuve muy cerca en un par de momentos, pero pensé que la temporada ya había iniciado y hubiera sido complicado. Eso lo expuse cuando me llamaron".

Capitán de Zidane

El 28 de agosto de 1996, Zidane jugaba su primer partido con la Juventus. Era la segunda ronda de la Copa de Italia, en el campo del modesto Fidelis Andria. Era un día de estrenos. Sobre el verde del Degli Ulivi también debutaron con la Vecchia SignoraVieri, Boksic, Amoruso y Paolo Montero. Y, por primera vez, el brazalete de capitán era en propiedad para el 8, Antonio Conte, después de que ese verano salieran del equipo dos instituciones como Vialli y Ravanelli.

El 0-2 (goles de Vieri y Conte) fue el inicio de cinco temporadas en las que Conte fue el capitán de Zidane en Turín. Hoy se ven las caras por primera vez como entrenadores en un partido mucho más dramático de lo que ninguno de los dos podía esperar cuando se realizó el sorteo.

Con la Juve jugaron 131 partidos juntos para ganar dos veces el Scudetto, una Supercopa italiana, la Intercontinental y la Supercopa de Europa de 1996. No pudieron con la Champions, en la que se estrellaron en dos finales seguidas: 1997 (Borussia Dortmund) y 1998 (Real Madrid).

Su implante capilar

De Conte se encuentran fotos en las que se ve la evolución de una caída de pelo que despejó su cabeza. Hoy luce un pelo espeso gracias a un implante. "La imagen, sobre todo para un futbolista, es importante. Vivimos en una sociedad de imágenes y no tenerlo en cuenta creo que es un grave error. Verás, estaba medio calvo, todo calvo y ahora tengo mi cabello nuevo con el que vivo bien. Nada más", explicó en la revista La Iene la única vez que habló de este asunto.