Breaking News

Jean-Claude Van Damme cumple 60 años: Cocaína, patadas voladoras y glúteos que crujen nueces

Jean-Claude Van Damme es un hombre de talentos extraordinarios, algunos de los cuales han enfervorizado hasta el delirio a su amplia base de fans. Uno de los más notables, según propia confesión, es su habilidad para quebrar nueces con los glúteos -una variante de lo que, con fanfarronería, Camilo José Cela afirmaba que podía hacer con esa misma parte del cuerpo y una palangana de agua-. Y es que, de tanto entrenarlas, el actor belga más que nalgas lo que tiene son dos bloques de mármol con textura de carne.


Sin embargo, más allá de eso y de su legendaria patada voladora, Van Damme nunca ha provocado mayor asombro que con su capacidad para abrirse de piernas: pocas cosas más épicas se han visto que su anuncio para Volvo de 2013, en el que desplegaba sus extremidades inferiores en perfecta línea recta y se sostenía en equilibrio entre dos camiones en movimiento mientras de fondo sonaba la canción 'Only time', de Enya.

Este 18 de octubre el actor cumple 60 años, y desconocemos si su elasticidad sigue siendo la misma. No tendría por qué haberla perdido: si entrena a diario y practica yoga, pocas diferencias debería haber entre su musculatura y un chicle de fresa. En sus últimas apariciones Van Damme ha asomado con la tez brillante y la piel tostada, musculoso y en forma, comprometido con una ética de trabajo tan férrea como la de Arnold Schwarzenegger (73 años) y Sylvester Stallone (74), los padres del género cinematográfico del justiciero solitario del que él fue, a finales de los 80, la gran estrella mundial, en dura competencia con su archienemigo Steven Seagal.

La vida de Van Damme podría dividirse en cuatro etapas principales. La central es la de su desplazamiento a Estados Unidos, en el año 1982, persiguiendo el sueño del cine. Antes, en la primera, había sido un joven talento de las artes marciales en Bélgica -campeón de Europa de kárate por equipos, más tarde especialista en 'muay thai', el 'full-contact tailandés'-, y fue gracias a su agilidad, flexibilidad y exactitud en los movimientos como consiguió su primer papel importante en la industria de la serie B de acción, primero con 'Contacto sangriento' (1988) y luego con 'Kickboxer' -ahí se marcó otra apertura de piernas milagrosa-, así hasta consagrarse como estrella popular con la primera entrega de la saga 'Soldado universal' (1992). Antes de eso se ganó la vida como conductor de limusinas y repartidor de pizzas; como dijo un productor, suerte que sabía dar patadas, pues nunca hubiera conseguido un papel por su destreza en los diálogos.

Durante años, Van Damme fue un nuevo Chuck Norris, un especialista en artes marciales capaz de aguantarle la mirada a los maestros orientales. Pero llegó su tercera etapa a partir de 1995, en la que vivió un declive personal probablemente a causa del pinchazo en la taquilla de su apuesta más fuerte, 'Street Fighter'. Tardó 13 años en recuperarse: sin éxitos en la taquilla, reducido a un chascarrillo, fue cuando se enganchó a la cocaína. Van Damme ha explicado que llegó a gastar 10.000 dólares a la semana, el equivalente a 10 gramos consumidos al día.

No recuperó el pulso en 2008 con una película independiente, 'JCVD', en la que se interpretaba a sí mismo de manera irónica: el propio Van Damme se veía envuelto en una situación crítica que demandaba a un justiciero implacable, y él no dejaba de ser más que un actor en decadencia. Supo reírse de sí mismo y a partir de ahí ascendió una renovada marea de simpatías que le ha llevado a su cuarto momento vital, en el que ha protagonizado un 'reality' sobre su vida y hasta se ha erigido en gurú involuntario de la autoayuda.

Este es seguramente el aspecto más inesperado de este nuevo Van Damme obsesionado con la salud -el cuerpo es tu templo, etcétera-, la iniciativa positiva y el mensaje motivador, que le ha llevado a cincelar frases supuestamente lapidarias al estilo Paulo Coelho, pasto de los 'memes' en internet -sobre todo en el mundo francófono- y que él difunde siempre que puede, del tipo "una galleta no tiene alma, y no es más que una galleta, pero antes de eso estaban la leche y los huevos; es en los huevos donde está la esencia de la vida". Desde 2012, una estatua suya se levanta en el centro de Bruselas, y por eso puede decir, como el título de la novela de Richard Matheson, aquello de "soy leyenda".

El amor de su vida: dos bodas y dos divorcios

El peor momento de Van Damme coincidió con su divorcio en 1992 de Gladys Portugues, una ex culturista a la que siempre señala como el amor de su vida, y con la que tuvo a sus dos primeros hijos, Kris y Bianca, actualmente dos fanáticos, como su padre, de las artes marciales. Se había casado dos veces antes -matrimonios juveniles, sin convicción-, y lo hizo por cuarta vez en 1993 con Cynthia Derderian, una modelo hawaiana a la que engañó estando embarazada de su tercer hijo, Nicholas, y de la que se separó un año después. La amante fugaz de JCVD fue la cantante Kylie Minogue, con la que coincidió en el rodaje de 'Street Fighter'.

Tras tocar fondo, comprobó que debía dar buen ejemplo a su hijo pequeño, se desenganchó de la 'coca' e insistió a Portugues a darle una segunda oportunidad. Se volvieron a casar en 1999, y aunque hubo otro amago de divorcio en 2015 -ella tenía preparados los papeles-, el asunto se recondujo: hoy son una pareja unida que compensa sus diferencias con afecto sincero.